- ¡Todo a babor! A tanta lluvia no hay quien vea. Furia de Dioses es esta marea. ¡Cien azotes al que no me crea! Haced lo que digo, ¡maldita sea!
- ¡No, Capitán! Por favor, ha de escucharme. Que aunque mil gotas del cielo han de empaparme y su látigo he de sufrir por revelarme, no puedo, sin más, retirarme.
- Has de estar loco al desafiarme. Sin duda tu consciencia está muerta. Recluirte y tirar la llave es lo que haré tras cerrar la puerta. ¡O escapamos de la tormenta o decidle adiós a la cubierta!
- ¡Retirarnos del trayecto significa decirle adiós a nuestro proyecto! Nuestro viaje, hasta el momento, ha sido siempre perfecto. Vivimos mil aventuras hasta encontrar el mapa correcto. Capitán, hágame caso y mantenga el barco recto.
- Condenado iluso, ¿todavía sueñas con el oro? ¿No te has preguntado antes si es real este tesoro? Todos siguen mis mandatos, los dirijo como a un coro. Aquí tú eres el único que no repite como un loro. ¿Y todo por qué? ¿Por qué luchas? ¿Qué te apena? ¿Es esto todo por culpa de la sirena?
- De verdad o de mentira, al menos la razón es buena.
- Alterado muchacho, en tus oídos su canción suena. Te imaginas su belleza tendida sobre la arena.
- ¿Y qué pasa, Capitán, si es ese mi deseo? Poner fin a tanta vuelta y concluir el rodeo. Muchos días, muchas noches, trabajando sin aseo. ¿Sudar este sudor y transformarlo en escaqueo? Que te aterra su figura, claramente, es lo que creo. Asfixiar a esta medusa, poner fin a su recreo. Y cortarle la cabeza como antes lo hizo Perseo.
- Pon cuidado a tus palabras, si un motín vas a entablar. Tres segundos y mi sable tu cabeza harán rodar.
- No lo niegues, no lo ocultes, ¿a quién quieres engañar? La sirena no te llena, pues tu amor es hacia el mar. Temes encontrarla ahora, pues si su mirada te enamora, se acabó tu navegar.
- Las agallas bien las tienes, no lo voy a negar. Detenerme en una isla no lo quiero imaginar. Mar arriba, mar abajo, cada islote visitar. Tengo en mente esta utopía antes que aprender a andar.
- Con respeto y con estima, no comparto su opinión. Sirena, isla o cima, todo es la misma canción. Lo importante en nuestras vidas no es rebotar sin detención. Ni esperar con agonía hasta el último escalón. Disfrutar del paraíso, disfrutar con devoción, de la isla de tus sueños, la que arropa al corazón. Y si para encontrarla debo seguir esta dirección, suplicarle que me ayude no está fuera de razón.
- Imprudente loco de agua dulce, tus frases me han hecho pensar. Sumas, restas de otro cauce que mi amor ha de esquivar. Somos almas de otro mundo, no te puedo doblegar, ni imponerte con azotes mi manera de pensar. El destino es un sarcasmo y no se puede controlar. Si amar quieres y sentirte amado adquieres, quiere a tu amada con querer de quereres, pues es tan suyo sentir el temor a perderte como decidir si sí o si no hasta la muerte quererte.
- Mi fantasía no pretende ofenderte ni reprenderte. Tal vez, en otro tiempo, hubiera podido entenderte.
- Tus deseos, soñador, sostenlos fuerte, pues si tu esperanza había hallado muerte, me creas o no, eres un hombre con suerte: en esta tempestad traspasan de tu isla sus reflejos, sin usar el catalejo juro avistarla a lo lejos.
- ¿Cuál será pues, su decisión, Capitán Alejo? ¿Sonreírle al destino y la tormenta con fuerza aguantar, para conservar lo que acabamos de encontrar? ¿O huir, correr, continuar, a otra búsqueda navegar, nunca en detenerse pensar, izar velas, para de nuevo, zarpar?