sábado, 9 de octubre de 2010

La espera

Hay mucha gente en la plaza y hace un poco de frío, pero yo apenas lo noto. Apoyado sobre mi espalda en uno de los edificios mantengo mi mirada perdida en el suelo. Juego con mis manos en los bolsillos para intentar distraerme. Trato de recordarla. Todos parecen saber a dónde se dirigen, caminando de un lado para otro. Nadie se fija en los demás. Todos parecen estar con quien quieren estar, sonriendo, hablando, disfrutando… Todos menos yo.

Aún no ha llegado, pero para mí es como si siempre hubiera estado ahí. La sentía a mi lado cuando sucedían cosas buenas y todavía más cuando eran malas. Recuerdo aquellos momentos, observando por la ventana, intentando alcanzar el horizonte. Deseaba que en cualquier momento apareciera caminando por entre las calles. Pero era muy difícil. La distancia mata tus ilusiones, incluso antes de vivirlas.

En esta época del año el sol es intenso, pero vuela bajo. En cuanto te descuidas tienes que apartar la vista para no cegarte. Parpadeo para recuperar la nitidez y los minutos se detienen. Es ella, después de tanto tiempo. Sus cabellos rubios brillan como nunca lo habían hecho y por fin puedo abrir los ojos sin preocuparme. Observo por un instante su silueta. Es hermosa. Mi corazón se ha vuelto loco de repente y mi pulso tiembla como si volviese a ser un adolescente. Me acerco a ella sin dudarlo y le sujeto la mano con fuerza.

“Nunca más volveré a soltarte.”

Ella sonríe.

“Me parece muy bonito, pero suéltame ya, ¿vale?”

Se escurre entre mis dedos y sigue caminando. En ese instante me doy cuenta de que no la conozco. ¿Por qué mi mente juega así conmigo? ¿Cuánto tiempo llevo esperando? ¿Aparecerá algún día? ¿Realmente existe?

martes, 5 de octubre de 2010

Esa astilla en mi mente

Apenas puedo respirar. Mis propias lágrimas estropean la carta que llevo intentando escribir durante horas. Intento despedirme. Cuanto más lo pienso más lejos veo el final. Mi mirada se pierde en el tabique de enfrente. Es mejor no pensarlo. El ruido del tráfico me desconcentra. A nadie le importa cómo me siento.

Lo he perdido todo. Y ella no va a volver conmigo. Ha conocido a alguien. Quiere que nos demos un tiempo. Otra vez. No soy lo suficientemente bueno para ella. Eso parece. ¿Por qué no puedo olvidarla? Me hace daño. Y ahora estará con él. Sonriendo. Cogidos de la mano. Sentados en el parque. Qué hijo de puta. 

Si pudiera recuperarla. Eso es todo lo que pido: recuperarla. Si sólo pudiera hablar con ella. Si me escuchara.
Pero no va a hacerlo. No quiere que me acerque más a ella. Pero él si puede. Joder, mi cabeza va a explotar. Tengo que acabar esto. Tengo que decirle cómo me siento. Tengo que verla. Si, voy ahora mismo. Cogeré esto sólo por si las cosas se complican. No creo que lo necesite. ¿O sí? Puede que se alegre de verme. Puede que mande a ese hijo de puta a la mierda y vuelva conmigo.

Camino por el centro comercial. No logro verla. Me dan asco todas esas parejitas sentadas juntas. ¿Dónde está? Ahí está. En el restaurante. Mi corazón se acelera. ¿No estará con él, verdad? ¡Aparta, camarero de mierda! La veo. Está con él. Me acerco sin perderla de vista. Todos me miran pero no me importa. Se sorprende de verme. Él se levanta para detenerme pero está asustado. La miro un instante más. No me habla. Ni siquiera me saluda. Estoy harto. No quiero continuar con esta mierda. No puedes imaginarte el daño que me has hecho, zorra. Saco la pistola y le meto un tiro en la cabeza. Todos gritan y comienzan a correr despavoridos. El caballero galán ahora está tras la mesa suplicando por su vida. Nadie me entiende. Tenía que hacerlo. Ya no me hará más daño. Me siento mucho mejor. Si no es mía no es de nadie. Vienen los de seguridad. Me apuntan con sus armas. No me importa. Se creen que van a cogerme. Voy a hacer lo que a mí me salga de los cojones y nadie va a impedírmelo. Apunto hacia mi sien. ¿No os esperabais esto, eh, hijos de puta? ¿Quién tiene el poder ahora? Disparo.